sábado, agosto 13, 2005

Experimento 1.7

- No... Si me está bien empleado por gilipollas... - Farfulló Lola.

Lola era más internacional que Miguel en sus gustos etílicos, bajó el puente levadizo del mueble bar, sacó de sus murallas una ginebra británica, la puso sobre la mesa del salón, acto seguido salió de la habitación, por la dirección que había tomado y por el tipo de sonidos que provocaba, Miguel concluyó que estaba en la cocina, a los dos minutos regresó con una vaso y medio limón en una mano, el vidrio contenía tres hielos y una semirodaja de la fruta amarilla, en la otra mano llevaba un botellín de tónica abierto. Con toda esa utilería desplegada encima de la mesa comenzó a trajinar, escogió primero el cítrico, le exprimió en el vaso, después vertió dos dedos de ginebra, vació la tónica y finalizó agitando el brebaje con el índice. Se giró mientras se chupaba el dedo mojado, en dos pasos alcanzó de nuevo el sofá, se sentó frente al desleal confeso, y elevando el pecho se trasegó medio gin-tonic de un envite.

- Miguel: yo también voy a verme con una mujer.
-Lola... No me jodas... Somos personas adultas... -
Comenzó a entonar Miguel calmadamente pretendiendo así eliminar desde los inicios el supuesto ataque de histeria que preveía estaba formándose en la cabeza de Lola a tenor de lo que acababa de decirle.
- No. No te jodo. Ni te voy a joder... Hace mucho tiempo que lo siento, me engañaba a mi misma, intentándome convencer de que no había nexo de unión entre mis deseos sexuales y la humedad que me rezumaba la vagina cuando observaba los cuerpos de mis amigas más dotadas... ¡Ay Miguel!... ¡Cómo salía de las duchas cuando estaba en el equipo de voley!...
- Joooder... -
Exclamó Miguel antes de terminar de un trago la coñá que le restaba.
- Pero yo aún no te he engañado con nadie, pedazo de cabrón... - La mirada que lanzó Lola a su ya obviamente ex-novio hubiera sido clasificada para mayores de dieciocho años por su alto contenido violento.
- Bueno... Yo realmente...
- Anda calla... Calla... Todos los tíos sois igual de cabrones... -
Lola pegó un meneo de una cuarta al gin-tonic - Bueno... A lo que vamos... No sé ni por qué te lo digo... Bueno ya que estás aquí y has tenido los cojones de decirme que me engañas te daré la explicación... Hemos estado leyendo las cartas de mi madre...

Miguel se preparó para escuchar casi cualquier cosa de los labios de la que otrora fue su novia, y que ahora, sentada frente a él, no reconocía...

- Hemos descubierto un pequeño hatillo de cartas de amor... De la lectura de esas cartas se desprende claramente que mamá tuvo un amante durante toda su vida... Una relación estable paralela... Estábamos asombradísimas... Mamá.... Que era santa, católica, apostólica y romana... Realmente mi padre nunca nos quiso mucho, sólo se ocupaba de su carrera profesional. Imagino que mamá se sentiría muy sola... Pero nos quedamos de piedra al empezar a leerlas, estaban en femenino, y nos quedamos sin habla cuando entendimos que el amante era mujer. Los remites no dejan lugar a dudas... - De un trago largo fulminó el combinado - El conocer ese pasado materno me ha abierto los ojos y me ha decidido asumir mi identidad... Miguel: soy bollera, lesbiana, tortillera, o como coño se diga... Pero de lo que no hay duda es de qué es lo que realmente me gusta.

Miguel sólo tenía fuerzas para alzar su copa demandando más Carlos III, tenía que drogarse para evadirse de una realidad que le estaba sobrepasando. Lola se la rellenó hasta el borde.

- Anda, bebe, bebe... - Le decía Lola con desprecio mientras le colmaba el recipiente.
- Mis hermanas me han animado a ser sincera tanto conmigo misma como contigo, mi pareja... Si sé antes que me estás poniendo los cuernos... En fín... Hay más... Por la fecha de la última carta es más que probable que la amante de mi madre esté viva y que aún resida en la dirección que se indica en la correspondencia. ¡Fíjate!... Ahora que eran viejas habían decidido fugarse. Voy a ir a verla. He quedado con Carla, vamos a ir juntas... De siempre Carla me ha magreado disimuladamente cuando llevaba cuatro copas encima: puede ser interesante empezar con ella... Además: está buenísima.
- ¡Lola! ¡Es Carla con la que te estoy engañando!
- Pues conociendo tus habilidades en la cama con una mujer y teniendo en cuenta todo lo que yo pienso hacerle a ella, no creo que duréis mucho... No eres competencia.


Sonó el timbre del telefonillo del portal.

- ¡Ah!... Abre tú, yo voy a preparar un par de gin-tonics, debe de ser Carla.

jueves, agosto 04, 2005

Experimento 1.6

El reloj comenzó a retrasarse de pronto, por lo menos eso seguía pareciéndole que ocurría en aquella habitación, cruzada ya de oscuridad al empezar a atardecer, sin dejar que entrará la poca luz del día que quedaba en la calle.

- Y me lo dices así, sentando tomándote una copa.
- Has insistido tú que me la tomase, yo…
- ¡Cállate cerdo!
- Joder ya lo sabía…no merece la pena llorar por más tonterías, cuando la gente ya ni siquiera llora por lo que debería llorar.
- Tú no tienes ni idea de lo que merece la pena, sólo haces frases ingeniosas y eres un egoísta.
- Debería irme a casa estoy mareándome
- Nadie te lo impide, abres la puerta y te vas como un cobarde y borracho.
- Vas a golpearme sin piedad por lo que veo.
- No, te voy a chupar la polla por engañarme con otra, no te fastidia.

Miguel pensó que debía hablar de la sinceridad que había tenido al decírselo, que no había querido engañarla, que llevaba días esperando el momento, que eso demostraba que tenía mucha consideración por ella y la quería. “¿La quería? Pues menuda pregunta para hacerse allí sentado agitando una copa de Carlos III después de la confesión de infidelidad a su novia, en su propia casa. Ahora sí que se sentía hundido. No podía ver los ojos de ella desde donde estaba sentado y tampoco quería encontrarse con ellos porque no sabría muy bien como defenderse de sus reproches. Se sentía incómodo con los muslos separados, el pecho tirado hacía adelante por culpa de la tensión generada como esperando una pelea. A la vez sus ojos olfatean alguna broma que rebaje la tensión pero no puede formularla, sería más cruel que gracioso, bebe despreocupadamente el alcohol en el joven anochecer espoleando su estómago para que alcance algún tipo de dolor en vez de placer, completamente consciente de que ha destruido una hermandad de por vida entre dos personas que ¿…se querían?

miércoles, agosto 03, 2005

Experimento 1.5

Hacía tiempo que no recordaba este sabor de boca a desastre inminente, tiene algo de metal, carne rancia y estropajo. Se lo tendría que comentar a algún cocinero de campanillas, a ver qué receta se inventaba. "Gelatina espumosa de preludio de bronca con crujiente de noviazgo". Eso es, mucho humor, aunque sea histérico.
Ultimo escalón, ni lo pienses, a ponerlos sobre la mesa, timbre.

- Ya tardabas. Pasa.
- Hola, nena. ¿Qué tal la tarde?
- Bien, ahora algo cansada. Mi hermana tiene demasiada vitalidad, y sobre todo demasiadas neuras, para mi incipiente vejez. Por eso espero que lo que me tengas que contar no sea una de tus recurrentes comeduras de tarro.

Dios, se me va la determinación patas abajo como a un pobre prostático, ¿por qué esta mujer me come tan pronto la moral?, con otras aguanto mucho mejor el tipo. Uff, eso también es discutible.

- Creo que no ha sido buena idea venir, mañana estarás menos agobiada y en realidad no es urgente.
- ¿Pero qué leches te pasa? Anda, tírate en el sofá mientras te pongo tus dos dedos de pacharán.
- Si no te importa, hoy preferiría un Carlos III.
- Vaya, necesitas más carburante del habitual para soltar la lengua, ¿eh? Y yo que pensaba atacarte dentro de un rato, bueno, me la tendré que envainar hasta la próxima campaña.

Qué absurdo, siento como si esta situación ya la hubiera vivido, como si desde el principio hubiera sabido que esta historia, siempre a medio cuajar, tenía que terminar así. Y lo que más me duele es que el asunto de Carla no va a ser distinto, en el fondo no espero ninguna gran sorpresa de ella. Me pone mucho, es verdad, y me sabe sacar las vueltas, pero cuando pasen unos meses...

- Aquí tienes la copichuela. Pero bebe a pequeños sorbitos, porque si no vas a decir tonterías antes de decirme tu trascendental problema.
- Ya vale. ¿Estás tonta o es que te has trincado unas cuantas con tu hermana?
- Perdona. Es que te veo preocupado y temo lo que puedas decirme.
- Pues deja de temer. Lo que tengo que decirte es que estoy viendo a otra mujer.