Experimento 1.7
- No... Si me está bien empleado por gilipollas... - Farfulló Lola.
Lola era más internacional que Miguel en sus gustos etílicos, bajó el puente levadizo del mueble bar, sacó de sus murallas una ginebra británica, la puso sobre la mesa del salón, acto seguido salió de la habitación, por la dirección que había tomado y por el tipo de sonidos que provocaba, Miguel concluyó que estaba en la cocina, a los dos minutos regresó con una vaso y medio limón en una mano, el vidrio contenía tres hielos y una semirodaja de la fruta amarilla, en la otra mano llevaba un botellín de tónica abierto. Con toda esa utilería desplegada encima de la mesa comenzó a trajinar, escogió primero el cítrico, le exprimió en el vaso, después vertió dos dedos de ginebra, vació la tónica y finalizó agitando el brebaje con el índice. Se giró mientras se chupaba el dedo mojado, en dos pasos alcanzó de nuevo el sofá, se sentó frente al desleal confeso, y elevando el pecho se trasegó medio gin-tonic de un envite.
- Miguel: yo también voy a verme con una mujer.
-Lola... No me jodas... Somos personas adultas... - Comenzó a entonar Miguel calmadamente pretendiendo así eliminar desde los inicios el supuesto ataque de histeria que preveía estaba formándose en la cabeza de Lola a tenor de lo que acababa de decirle.
- No. No te jodo. Ni te voy a joder... Hace mucho tiempo que lo siento, me engañaba a mi misma, intentándome convencer de que no había nexo de unión entre mis deseos sexuales y la humedad que me rezumaba la vagina cuando observaba los cuerpos de mis amigas más dotadas... ¡Ay Miguel!... ¡Cómo salía de las duchas cuando estaba en el equipo de voley!...
- Joooder... - Exclamó Miguel antes de terminar de un trago la coñá que le restaba.
- Pero yo aún no te he engañado con nadie, pedazo de cabrón... - La mirada que lanzó Lola a su ya obviamente ex-novio hubiera sido clasificada para mayores de dieciocho años por su alto contenido violento.
- Bueno... Yo realmente...
- Anda calla... Calla... Todos los tíos sois igual de cabrones... - Lola pegó un meneo de una cuarta al gin-tonic - Bueno... A lo que vamos... No sé ni por qué te lo digo... Bueno ya que estás aquí y has tenido los cojones de decirme que me engañas te daré la explicación... Hemos estado leyendo las cartas de mi madre...
Miguel se preparó para escuchar casi cualquier cosa de los labios de la que otrora fue su novia, y que ahora, sentada frente a él, no reconocía...
- Hemos descubierto un pequeño hatillo de cartas de amor... De la lectura de esas cartas se desprende claramente que mamá tuvo un amante durante toda su vida... Una relación estable paralela... Estábamos asombradísimas... Mamá.... Que era santa, católica, apostólica y romana... Realmente mi padre nunca nos quiso mucho, sólo se ocupaba de su carrera profesional. Imagino que mamá se sentiría muy sola... Pero nos quedamos de piedra al empezar a leerlas, estaban en femenino, y nos quedamos sin habla cuando entendimos que el amante era mujer. Los remites no dejan lugar a dudas... - De un trago largo fulminó el combinado - El conocer ese pasado materno me ha abierto los ojos y me ha decidido asumir mi identidad... Miguel: soy bollera, lesbiana, tortillera, o como coño se diga... Pero de lo que no hay duda es de qué es lo que realmente me gusta.
Miguel sólo tenía fuerzas para alzar su copa demandando más Carlos III, tenía que drogarse para evadirse de una realidad que le estaba sobrepasando. Lola se la rellenó hasta el borde.
- Anda, bebe, bebe... - Le decía Lola con desprecio mientras le colmaba el recipiente. - Mis hermanas me han animado a ser sincera tanto conmigo misma como contigo, mi pareja... Si sé antes que me estás poniendo los cuernos... En fín... Hay más... Por la fecha de la última carta es más que probable que la amante de mi madre esté viva y que aún resida en la dirección que se indica en la correspondencia. ¡Fíjate!... Ahora que eran viejas habían decidido fugarse. Voy a ir a verla. He quedado con Carla, vamos a ir juntas... De siempre Carla me ha magreado disimuladamente cuando llevaba cuatro copas encima: puede ser interesante empezar con ella... Además: está buenísima.
- ¡Lola! ¡Es Carla con la que te estoy engañando!
- Pues conociendo tus habilidades en la cama con una mujer y teniendo en cuenta todo lo que yo pienso hacerle a ella, no creo que duréis mucho... No eres competencia.
Sonó el timbre del telefonillo del portal.
- ¡Ah!... Abre tú, yo voy a preparar un par de gin-tonics, debe de ser Carla.
Lola era más internacional que Miguel en sus gustos etílicos, bajó el puente levadizo del mueble bar, sacó de sus murallas una ginebra británica, la puso sobre la mesa del salón, acto seguido salió de la habitación, por la dirección que había tomado y por el tipo de sonidos que provocaba, Miguel concluyó que estaba en la cocina, a los dos minutos regresó con una vaso y medio limón en una mano, el vidrio contenía tres hielos y una semirodaja de la fruta amarilla, en la otra mano llevaba un botellín de tónica abierto. Con toda esa utilería desplegada encima de la mesa comenzó a trajinar, escogió primero el cítrico, le exprimió en el vaso, después vertió dos dedos de ginebra, vació la tónica y finalizó agitando el brebaje con el índice. Se giró mientras se chupaba el dedo mojado, en dos pasos alcanzó de nuevo el sofá, se sentó frente al desleal confeso, y elevando el pecho se trasegó medio gin-tonic de un envite.
- Miguel: yo también voy a verme con una mujer.
-Lola... No me jodas... Somos personas adultas... - Comenzó a entonar Miguel calmadamente pretendiendo así eliminar desde los inicios el supuesto ataque de histeria que preveía estaba formándose en la cabeza de Lola a tenor de lo que acababa de decirle.
- No. No te jodo. Ni te voy a joder... Hace mucho tiempo que lo siento, me engañaba a mi misma, intentándome convencer de que no había nexo de unión entre mis deseos sexuales y la humedad que me rezumaba la vagina cuando observaba los cuerpos de mis amigas más dotadas... ¡Ay Miguel!... ¡Cómo salía de las duchas cuando estaba en el equipo de voley!...
- Joooder... - Exclamó Miguel antes de terminar de un trago la coñá que le restaba.
- Pero yo aún no te he engañado con nadie, pedazo de cabrón... - La mirada que lanzó Lola a su ya obviamente ex-novio hubiera sido clasificada para mayores de dieciocho años por su alto contenido violento.
- Bueno... Yo realmente...
- Anda calla... Calla... Todos los tíos sois igual de cabrones... - Lola pegó un meneo de una cuarta al gin-tonic - Bueno... A lo que vamos... No sé ni por qué te lo digo... Bueno ya que estás aquí y has tenido los cojones de decirme que me engañas te daré la explicación... Hemos estado leyendo las cartas de mi madre...
Miguel se preparó para escuchar casi cualquier cosa de los labios de la que otrora fue su novia, y que ahora, sentada frente a él, no reconocía...
- Hemos descubierto un pequeño hatillo de cartas de amor... De la lectura de esas cartas se desprende claramente que mamá tuvo un amante durante toda su vida... Una relación estable paralela... Estábamos asombradísimas... Mamá.... Que era santa, católica, apostólica y romana... Realmente mi padre nunca nos quiso mucho, sólo se ocupaba de su carrera profesional. Imagino que mamá se sentiría muy sola... Pero nos quedamos de piedra al empezar a leerlas, estaban en femenino, y nos quedamos sin habla cuando entendimos que el amante era mujer. Los remites no dejan lugar a dudas... - De un trago largo fulminó el combinado - El conocer ese pasado materno me ha abierto los ojos y me ha decidido asumir mi identidad... Miguel: soy bollera, lesbiana, tortillera, o como coño se diga... Pero de lo que no hay duda es de qué es lo que realmente me gusta.
Miguel sólo tenía fuerzas para alzar su copa demandando más Carlos III, tenía que drogarse para evadirse de una realidad que le estaba sobrepasando. Lola se la rellenó hasta el borde.
- Anda, bebe, bebe... - Le decía Lola con desprecio mientras le colmaba el recipiente. - Mis hermanas me han animado a ser sincera tanto conmigo misma como contigo, mi pareja... Si sé antes que me estás poniendo los cuernos... En fín... Hay más... Por la fecha de la última carta es más que probable que la amante de mi madre esté viva y que aún resida en la dirección que se indica en la correspondencia. ¡Fíjate!... Ahora que eran viejas habían decidido fugarse. Voy a ir a verla. He quedado con Carla, vamos a ir juntas... De siempre Carla me ha magreado disimuladamente cuando llevaba cuatro copas encima: puede ser interesante empezar con ella... Además: está buenísima.
- ¡Lola! ¡Es Carla con la que te estoy engañando!
- Pues conociendo tus habilidades en la cama con una mujer y teniendo en cuenta todo lo que yo pienso hacerle a ella, no creo que duréis mucho... No eres competencia.
Sonó el timbre del telefonillo del portal.
- ¡Ah!... Abre tú, yo voy a preparar un par de gin-tonics, debe de ser Carla.
